Soy tan mala para recordar fechas, para recordar eventos, para recordar primeras veces, para recordar citas, para recordar tareas, para recordar teléfonos, para recordar nombres; en fin, soy tan mala para recordar tantas cosas que llegue a dudar de que estuviera dotada de esa capacidad llamada memoria.
Pero me di cuenta que siempre recuerdo sentimientos; pero no todos, sólo esos que por razones aleatorias o premeditas, deciden quedarse vagando en ese cuartico útil ((inútil)) que tengo en alguna parte del cerebro y quedan ahí encerrados con llave.
Hoy estuve expuesta a esa tormenta de memorias que están atadas a fotos, a olores, a texturas, a acciones, a risas, a tristezas, a una bulla y hasta a un silencio.
Hoy me acordé que alguna vez existió un ser viviente que jamás me juzgo, ni me reprocho con palabras que alejaban; todo lo hacía a punta de miradas cercanas y siempre se quedaba.
Que ridículo pensar que eso lo hacía un ser inferior en mente, que ridículo pensar que un animal me ha hecho penar tanto, que ridículo pensar que un animal es superior en sentimiento a cualquier ser humano que se me haya cruzado.
Definitivamente ella no fue una simple mascota; fue con la que crecí, con la que cambie, con la que conocí el significado de amistad, de hermandad, de querer, de abandonar; es la que me hizo saber que es el significado de ausencia cuando de por medio esta la muerte; ahora sé con toda certeza que es eso de anhelar.
Me doy cuenta que las ultimas veces no las olvido, me doy cuenta de que las ultimas veces no me gustan... Los recuerdos duelen por qué no son fugaces como ese momento al que están atados, al fin y al cabo y esos son los que se quedan, esos no se desvanecen.
Te quiero mi pitu linda!

No hay comentarios:
Publicar un comentario